Capítulo 41: Primeros días en Suiza
- 26 jul 2024
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PRIMERA IMPRESIÓN
Más allá de ese primer pensamiento yo seguía feliz, nada empañaba el estar ahí, el haber llegado. Sabía que no había sido sencillo desde aquel 2019, habían pasado 4 años que por momentos parecieron eternos, pero si miraba en retrospectiva habían pasado TANTAS cosas en solo 4 años.
Y ahí estaba, con los ojos del recién llegado: atenta a todo, queriendo absorber cada cosa que veía.
Ese primer fin de semana fuimos a Zúrich, donde -también- seguía frío, con lluvia y totalmente gris. De alguna forma el paisaje no cambiaba mucho, Dari -que ya había estado en Alemania- decía que era igual pero un poco más “primer mundo”. Lo bueno, pese a nuestras primeras y apresuradas impresiones, es que estábamos felices, yo me reía y disfrutaba todo al 100%, podía ser consciente de eso.
Llegamos un sábado y el lunes Dari tenía la primera reunión de trabajo, en ese encuentro lo iban a conocer en persona, decirle en qué sede iba a estar y detalles de la contratación que cambiaban bastante el horizonte.
Ese lunes esperaba con ansias su regreso, quería que empezara la búsqueda de alojamiento, que empezáramos a tener un poco más de claridad. Sin embargo, como aún estaban cerrando cuestiones administrativas, quedaron en llamarlo en 1 o 2 días para darle toda la información.
Habían pasado los 2 días y del llamado ni noticias, estábamos trabados ahí porque las distancias de una sede y otra cambiaban mucho. Empezamos a debatir si debía o no escribirle preguntando.
En ese momento, sentía que mi vida estaba en un par de valijas y un futuro a construir de cero. Claro que era hermoso pero también estaba lleno de miedo. ¿Por qué el llamado no llegaba?
EN BÚSQUEDA DE ALQUILER
En la espera del bendito llamado, empezamos a amigarnos con el supermercado y los precios. Nosotros habíamos viajado con dólares, a un tipo de cambio de 1000 pesos = 1 dólar. Sabíamos que Suiza es uno de los países más caros, pero teníamos varios “cara grande” en el bolsillo.
El choque fue enorme, veníamos de un país donde el dólar era la meta, la moneda segura, y ahora estábamos en otro donde Washington estaba en el tercer puesto cómodo. Cambiábamos mil dólares y nos daban 800 y picos francos. Lo bueno es que en breve había un trabajo y nos alcanzaba para vivir, pero hasta que llegue ese dinero y nuestra cabeza empiece a pensar en francos estábamos un tanto lejos.
Como debíamos dejar el hotel empezamos a buscar alojamiento transitorio y, lo que más nos sorprendió, es que prácticamente no había hoteles baratos ni Airbnb disponibles. Literal, encontramos solo 1 a una parada en tren de Zürich, en Oerlikon. Hecha la reserva, llegó el esperado llamado, en ese orden. Le avisaban que la sede era Bussnang (cerca de Winterthur), todo marchaba viento a favor.
Con esa información empezamos a planificar, hacía tanto no lo hacíamos, que hermoso se sentía: vamos 15 días al alojamiento que reservamos, nos dedicamos a buscar alquiler definitivo -sin parar hasta conseguirlo- nos mudamos, el 1 de abril ya estamos en el nuevo hogar y con un trabajo en marcha.
Mientras lo escribo noto los tiempos irrisorios que nos planteamos, pero en ese momento no nos parecía imposible.
Y si, nada de eso pasó. Llegamos a Oerlikon y nos recibió un departamento que nada se parecía a las fotos que habíamos visto. Y a eso se sumaba su diminuto tamaño que nos permitía cocinar desde la cama y bañarnos mientras lavábamos los platos; todo estaba encimado y en condiciones bastantes feas, hasta las sábanas olían mal.
Una vez más mi cabeza buscó la etiqueta “transitorio” y la puso en esa habitación; tenía que frenar todo tipo de pensamientos negativos y enfocarme en la búsqueda de alojamiento. No hice un Excel, pero armé un modelo de mensaje en un grupo de WhatsApp que teníamos, donde enumeraba el departamento a visitar, contacto, día. Íbamos a lograrlo o lograrlo.




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