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Capítulo 31: Mudanza y un nuevo comienzo

  • 25 jul 2024
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 26 jul 2024

ANIMARSE

Me mudé a Devoto un 1 de marzo de 2023, llegué con mis valijas y mil bolsas en un taxi. Dari estaba en Uruguay, así que me di la auto-bienvenida a la convivencia, una nueva etapa. 

El departamento era de 1 dormitorio pero con un living comedor muy grande y una cocina separada, para los dos solos y para estar 1 año, era perfecto. 


Y ahí estábamos, al otro día, como dos novatos haciendo lugar en el placard para guardar mi ropa. Unificando termos y mates, se sentía raro y hermoso. Y ante mis temores, ver las valijas listas para partir, me hacían sentir preparada para enfrentar la “huida” si la convivencia salía mal. En definitiva, ¿qué garantías hay mudándote a los 2 meses o a los 10 años?


Con los meses, el trabajo de Dari empezó a complicarse, cada vez le demandaba más tiempo y, sumado a eso, cada vez quedaba más en evidencia el desorden de la obra, la complejidad de su coordinación desde otro continente.

Se levantaba cada lunes a las 6 de la mañana y se tomaba el ferry hasta Uruguay, ahí agarraba el auto y se iba hasta el pueblito donde debía trabajar en la vía, cada día, hasta el viernes de esa semana; dia en que emprendía el regreso, llegando a casa pasadas las 22 hs, fusilado. Comía y se iba a dormir. 

Nada de esto se lo habían dicho en la entrevista, él no lo sabía y yo tampoco. 


Lo positivo es que veía su voluntad, más allá de su situación laboral, de poner lo mejor en la relación; en sus ratitos y únicos días libres que tenía. Días que si podíamos aprovechamos para viajar y compartir. 


Yo continuaba en el mismo trabajo, lo que mantenía mi mente ocupada, y adaptándome a un nuevo barrio. Devoto es hermoso pero residencial, muchas casas bajas y pocos comercios, que cierran a la hora de la siesta. La zona con más movimiento es la plaza y, por suerte, la teníamos a pocas cuadras. Pero aun así no lograba sentirme en mi lugar, me faltaba movimiento.


Pasaban los meses y esa era nuestra escasa convivencia. Pero sabía que era transitorio -una vez más- así que decidí dar lo mejor posible yo también.


CONTRATIEMPOS

Habíamos empezado a convivir el 1 de marzo, y a fines de abril empecé con un fuerte dolor en el cuello, en la parte cervical; dolor que, con el paso de los días, se hacía cada vez más profundo, más intenso. 


Cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada sentía pinchazos, que lentamente empezaban a irradiarse a la espalda; eran puntadas en todas partes, que cambiaban de lugar pero no se iban. 


Fui al traumatólogo y empecé a hacerme estudios de todo tipo, ya que los analgésicos no me hacían nada. 

Apareció una rectificación cervical que no explicaba tanto dolor, sobre todo el que sentía más allá del cuello. 

En ese momento recordé que en noviembre del año anterior había sentido un dolor punzante en la parte baja de la espalda, del lado derecho. En ese momento todo empezaba a parecer parte de lo mismo. 


Los estudios y médicos seguían sin decirme qué era, pasaba el tiempo y el dolor no pasaba; era sentirme mal todos los días, mi calidad de vida empezaba a empeorar. Llevaba 2 meses haciendo RPG (Reeducación Postural Global) y ni eso lograba ayudarme. Recuerdo que ahí fue la primera vez que alguien nombró la Fibromialgia. 


Salí de ahí y empecé a googlear (lo que no hay que hacer). Lo que más me asustó fue leer las palabras “crónico” y “sin solución”. 

Ese día aprendí lo que era: una condición crónica y compleja que causa dolores generalizados y un agotamiento profundo. Muchas veces se describe como un dolor de pies a cabeza. Afecta, principalmente, a los tejidos blandos y como no se conocen los mecanismos por los que se produce, no se encuentran alteraciones en los estudios o imágenes.

Si bien no existe una cura para la fibromialgia, hay varios medicamentos que pueden ayudar a controlar los síntomas.”


En ese momento pensé: ¿Por qué necesitamos pasar por situaciones dolorosas, como perder a alguien o una enfermedad, para darle valor a lo simple de todos los días?


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