Capítulo 32: Escuchar nuestro cuerpo
- 25 jul 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 26 jul 2024
Pasaban los meses y seguía sin conseguir un diagnóstico claro. Mientras tanto, para poder dormir, me habían recetado 1 Valium por día. Si bien me permitía descansar no consideraba sostenible esa medicación eternamente.
En junio, después de cambiar de especialistas varias veces, conseguí un traumatólogo y una reumatologa que me gustaron. Les llevé todos los estudios hechos y me confirmaron el diagnóstico: Fibromialgia.
Saber qué es ayuda, te calma -sobre todo- la cabeza. Te saca esa sensación de sentirte una loca que se queja por algo que no existe, y eso es liberador (si bien hay muchos médicos que no creen).
En paralelo, transitábamos un noviazgo y una convivencia. Más allá de la distancia me sentía acompañada por Dari, quien le pidió a su familia -con quien no tenia tanta relación- que estén, que me acompañen. Me contó que sus palabras fueron: “Ofrézcanle ayuda, ella les va a decir que no, pero ofrézcancela igual así se siente acompañada”.
Y eso hicieron, todos los días me escribían; y yo empecé a conocer el incondicional amor de su familia.
Por mi parte, tenia kinesiología 3 veces por semana, todas las noches una almohadilla de calor, terapia más corticoide. Pero no lograba ver grandes mejoras.
Para mi, que siempre busqué y me moví para encontrar soluciones a todo lo que se fue presentando en la vida, no podía entender: qué estaba haciendo mal, qué me faltaba.
Necesitaba calmarme, me desesperaba buscar y no encontrar respuestas, soluciones.
Agarré papel y lápiz y me dije: “algo tengo que aprender de todo esto, ¿qué viene a decirme?” y empecé a garabatear, tratando de conectar sin pensar tanto, y así fue como escribí ese 20 de junio:
“trátate con el mismo amor que tratas a los demás”




Comentarios