Capítulo 23: Vivir con una amiga
- 25 jul 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 ago 2024
Llevaba más de un año en BA cuando mi amiga, la dueña del departamento me avisó que tenía un posible comprador e iba a venderlo ni bien pueda liberarlo; si bien me daba cierto tiempo, el solo hecho de volver a buscar alquiler me desesperaba.
Para ese momento, me había empezado a amigar con lo transitorio. Creo que la liviandad de no amueblar un departamento y sentirme “atada” tenía su beneficio, o tal vez el mismo contexto de no encontrar alquiler me había invitado a pensar eso para no desesperar.
De alguna forma intentaba no pelear obstinadamente contra la realidad, el alquiler fue un claro ejemplo.
Pero ante la no opción, volví al ruedo con la búsqueda. Fueron semanas donde no veía otra cosa que publicaciones, ya me sabía todos los anuncios casi de memoria, pero nada se concretaba. Quienes eran dueños consideraban más rentable tenerlo cerrado que alquilarlo.
Finalmente, una muy amiga de Rosario (Sol) consiguió trabajo en un estudio que le implicaba vivir algunos días en BA. Y así fue como emprendimos la aventura de compartir departamento.
El departamento estaba en el mismo barrio, era más grande y más equipado. El cambio era la solución y para mejor.
Lo que no imaginaba, una vez más, era el “retroceder”. Desde muy chica había vivido sola, en ese momento tenía 31 años y no estaba en mis planes compartir departamento, con una única habitación. Sin embargo, con el tiempo pude ver que ese departamento y, sobre todo, su amistad me ayudaron a estar mucho mejor.
El trabajo seguía su curso de crecimiento, me habían ascendido; notaba ese crecimiento en lo que iba aprendiendo. Me gustaba lo que hacía y me sentía cómoda con el equipo.
Eso me permitió estar mejor económicamente y viajar por Argentina con amigas; hacia mis clases de yoga e iba a eventos de yoga y mediación. Sin dudas fue una época en la que disfrutaba tanto como trabajaba. 🧘🏻♀️🛤️🌆💻




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