Capítulo 21: Trabajo y bares, mi vida en la capital
- 25 jul 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 26 jul 2024
Había llegado a BA dispuesta a dar lo mejor en el trabajo, aún en aquellos días donde confiar en mí resultaba imposible. Lo positivo era ver que el esfuerzo valía la pena y era reconocido.
La ciudad me encantaba y disfrutaba de sentirme turista todo el tiempo, sacando fotos a cada construcción como había hecho en mis meses en Europa; en ese sentido nada tiene que envidiarle BA.
Finalmente había logrado alquilar un monoambiente sobre Av. Libertador, la zona era ideal. Un barrio donde podía salir y caminar, sentir la compañía de solo pasear, y todo eso para mi era innegociable.
Una amiga del colegio que había vivido en BA era la dueña y me lo alquiló. Si bien al principio acordamos que sean 3 meses, fuimos renovando tantas veces que viví 1 año y 3 meses ahí.
El monoambiente era grande, pero era transitorio; estaba amueblado y tenía una cocina muy chiquita con lo básico, y yo deseaba instalarme al 100%, con las comodidades que tenía en Rosario. Por eso, seguía buscando.
Sin embargo, nunca logré hacerlo, siempre me pedían una garantía o algo que no tenía. La nueva ley de alquileres había generado un colapso inmobiliario en el que alquilar era prácticamente imposible y carísimo.
Por momentos me ponía mal no tener mi espacio, tal como lo imaginaba, como lo necesitaba. El sentir que todo ese tiempo viviendo ahí estaba en estado de tránsito, con valijas en el piso, con una mesita en la que comía, trabajaba y miraba tv.
Me sentía en un gris, sin terminar de salir del estado de valijas, esperando que aparezca la oportunidad.
Todo eso me llevaba a vivir en un orden-desorden constante, en el departamento y en mi.
Por suerte mis amigas venían seguido a visitarme, y se quedaban días o semanas en el monoambiente, que abría sus puertas cual hotel y sin importar sus dimensiones. Esos momentos compartidos en el “mono” fueron muy felices. 🤎🐒




Comentarios