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Capítulo 10: La tía Anna y su bella Sicilia

  • 25 jul 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 26 jul 2024

Llegué a Sicilia con la necesidad de sentirme en casa por un ratito, estaba cansada de los hostel y de comer rápido y mal; es el lado b -por lo menos para mi- de todo lo lindo que tenía viajar de una ciudad a otra. 


En el aeropuerto de Palermo me esperaba la tía Anna con sus amigas y una emoción enorme. Voy a contarles quien es: 


Mi abuelo paterno -Caetano- se casó 2 veces y en su primer matrimonio tuvo a la tía Anna. Su mamá había muerto cuando ella era muy chiquita y, en aquel momento, era habitual que quien se haga cargo sea la familia materna. Mi abuelo volvió a casarse, con la abuela Marina, quienes migraron juntos a Argentina, quedando la tía Anna en Sicilia. 


Al tiempo de llegar mi abuelo falleció, y todos esos años quien mantuvo el vínculo con Anna fue la abuela Marina, mediante cartas, fotos, llamados y un pasaje de avión que le pagó para que viajara a conocernos; esa fue la primera y única vez que nos vimos. Yo tenía solo 1 año, por eso, verla “de nuevo” se sentía como la primera vez. 


Viajamos 40 min en auto de Palermo a Castelvetrano, el pueblito donde vive. Su marido había fallecido hace años y no habían tenido hijos. En el viaje su emoción seguía intacta, me hablaba en italiano con una rapidez que era imposible de entender.


Cuando llegamos a su casa, estaba todo preparado como si fuese una fiesta; con el tiempo entendí que para ella realmente lo fue. Tiene una hermosa familia de amigos, pero muchas veces se siente sola. De alguna forma yo le llevaba la familia de sangre en esa visita, y ella no podía ocultar lo que eso le generaba. 


Me recibió con un almuerzo de tres platos, amigas que me abrazaban como si me conocieran. Todo era un exceso de amor que me costaba recibir, en algún punto, era como si extraños por la calle me empezaran a abrazar, sumado a que los tanos son del contacto físico, así que para ellos alegrarse era sinónimo de caricias, gritos y conversaciones encimadas. 

Sicilia fue reencuentro, mucho amor y comida. 

Fue la cultura tana en su máxima expresión. 

Fue encontrar fotos que nunca había visto antes, la abuela Marina se las había enviado y para mi esa era su manera de decirme que estaba conmigo. 💫




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